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Una tumba romana hallada en el Castell reescribe la historia de la antigua villa

Las excavaciones en el Castell de Castelldefels han localizado una tumba romana de inhumación. La cerámica asociada podría datarla en el siglo I d.C., un hallazgo excepcionalmente temprano.

Jordi SerraJordi Serra· · 4 min de lectura

Las excavaciones en el entorno del Castell de Castelldefels han sacado a la luz una tumba romana de inhumación, un hallazgo que amplía el conocimiento sobre la villa romana que ocupó el cerro.

Los trabajos arqueológicos que se desarrollan en los alrededores del Castell de Castelldefels han permitido localizar una tumba romana de inhumación, un descubrimiento que aporta nuevos datos sobre la vida y la muerte en la antigua villa romana sobre la que se asienta el conjunto monumental. La actuación, financiada por el Ayuntamiento de Castelldefels con el apoyo del Grup de Recerca Històrica de Castelldefels (GREHIC), ha entrado ahora en una fase clave de análisis en laboratorio.

El historiador y miembro del GREHIC Alfonso López Borgoñoz ha explicado que el arqueólogo director de los trabajos, Pere Lluís Artigues, estudiará el material cerámico recuperado en el estrato, mientras que una antropóloga especializada analizará los restos óseos para determinar el sexo, la edad y las características de la persona enterrada.

La tumba presenta unas particularidades que la hacen especialmente relevante. Estaba cubierta por tejas romanas, las conocidas como tegulae, y los arqueólogos estudian si se trataba de una fosa alargada tapada de forma plana o de la clásica estructura a dos aguas, una tipología muy extendida en Barcino, Tarraco, Empúries o Valentia a partir del siglo III d.C.

El cuerpo estaba dispuesto en un eje este-oeste, con la cabeza al oeste y los pies al este, alineado directamente con la salida del sol en el equinoccio. Como es habitual en este tipo de enterramientos, no se ha hallado ningún ajuar funerario que acompañara al difunto.

Los restos humanos conservan parcialmente el cuerpo, aunque falta la parte superior del cráneo, así como los peronés, las rótulas y los huesos de los pies. La tumba sufrió una alteración en el pasado, muy probablemente durante la ejecución de un pavimento del siglo XX levantado justo al lado.

Una ocupación milenaria en el cerro del Castell

El hallazgo se enmarca en una secuencia de ocupación que se remonta a la época ibérica. En la cima del cerro ya se conocía la existencia de una villa romana con diferentes fases constructivas documentadas desde finales del siglo I a.C., el siglo II d.C. y la primera mitad del III d.C., que perduró hasta el siglo V o VI d.C. Esa casa de campo se construyó, a su vez, sobre las restos de un poblado ibérico anterior, cuyos vestigios pueden contemplarse actualmente bajo un suelo de vidrio en la iglesia del castillo.

La conexión con el mundo funerario romano en el cerro no es nueva: en 1989 se encontró empotrado en la pared de levante de la rectoría un monumento funerario dedicado alrededor del año 100 d.C. por Valèria Haliné a su marido, Gai Trocina Synecdemus, al que definía como un marido óptimo. Ambos eran libertos que prosperaron económicamente en esta zona del litoral catalán.

La cerámica, clave para la datación

En el entorno inmediato de la tumba, en una tierra removida donde aparecieron fragmentos de las mismas tegulae de la cubierta, se han recuperado fragmentos de cerámica de barniz rojo de alta calidad, conocida como Terra Sigillata. Los primeros análisis preliminares identifican producciones sudgálicas, importadas del sur de la Francia romanizada, y fragmentos de Italia, concretamente de Arezzo, una cerámica de mesa fina de época de Augusto o de principios del Imperio.

De momento no se han detectado producciones de origen hispánico ni cerámicas medievales o modernas en el estrato directo, salvo contaminaciones superficiales del siglo XX, como fragmentos de fibrocemento o plásticos. Si los análisis confirman que el enterramiento corresponde a la misma cronología que estas vajillas finas, es decir, la segunda mitad del siglo I d.C. o inicios del II d.C., estaríamos ante un hallazgo excepcionalmente temprano en todo el noreste peninsular.

Los investigadores mantienen la prudencia científica y no descartan que la tumba pueda ser posterior, de finales del siglo II o principios del III d.C., cuando el rito de la inhumación con tegulae ya estaba generalizado.

Un límite territorial y un antiguo camino al mar

La localización de un enterramiento tiene un gran valor urbanístico para la arqueología: en el mundo romano, las tumbas se situaban siempre fuera del área habitada. Por tanto, esta fosa marca con claridad el límite exterior de la villa romana en el momento de la muerte del difunto. Además, la tumba se encuentra muy cerca del camino histórico que durante siglos conectó el Poble Vell con el Castell.

Los trabajos de laboratorio serán ahora determinantes para fijar la cronología exacta del enterramiento y conocer mejor quién fue la persona enterrada. El Ayuntamiento de Castelldefels y el GREHIC confían en que los resultados de los análisis permitan presentar en los próximos meses una lectura más completa de este hallazgo, que podría reescribir parte de la historia de la antigua villa romana del cerro del Castell.

Jordi Serra

Escrito por

Jordi Serra

Redactor jefe

Sigue de cerca la Plaça Sant Jaume y el pulso de los barrios, del Raval a Nou Barris. Firma la política municipal, la actualidad social y los sucesos de la ciudad y su área metropolitana. Adicto a los plenos largos y al café de mercado a primera hora.