A solo 20 minutos de Cornellà, el pequeño núcleo de Garraf ofrece playa, historia modernista y rutas de senderismo en plena naturaleza. Un remanso de paz para escapar del ritmo urbano.
Los vecinos de Cornellà tienen a un paso uno de los rincones más singulares de la costa barcelonesa. Se trata de Garraf, un pequeño núcleo costero perteneciente al municipio de Sitges que combina patrimonio modernista, playa y naturaleza. El trayecto en coche apenas supera los 20 minutos por la C-31, lo que lo convierte en una escapada exprés ideal para cualquier día.
Garraf creció a principios del siglo XX impulsado por el empresario Eusebi Güell, mecenas de Antoni Gaudí. Güell explotaba la cantera de la Falconera, en el extremo sur del pueblo, y para transportar la piedra mandó construir en 1901 un puerto que hoy es de uso deportivo. Al otro lado del núcleo, encargó las bodegas modernistas conocidas como Cellers Güell, cuya autoría se debate entre Gaudí y su discípulo Francesc Berenguer i Mestres.
La actividad de la cantera atrajo a pescadores y, con la instalación de un apeadero de tren, Garraf se puso en el mapa de la clase alta barcelonesa. Las familias nobles de Barcelona encontraron aquí una playa tranquila y discreta, y a partir de los años 20 era habitual que veranearan en este pequeño enclave.
Una de las postales más icónicas de Garraf son las Casetes, 33 pequeñas construcciones de madera que empezaron como refugios playeros y que con el tiempo se han convertido en un emblema. Declaradas Bien Cultural de Interés Nacional, han sido escenario de numerosos anuncios y videoclips. Algunas fuentes apuntan que también sirvieron de vivienda a pescadores y trabajadores de la estación.
Garraf está bien comunicado: a menos de cinco minutos de Castelldefels por la C-31 y a media hora en tren de Barcelona. Su oferta hostelera incluye dos chiringuitos, un reconocido restaurante y un exclusivo hotel recientemente recuperado por el Soho Club. Además, en otoño e invierno el pueblo ofrece un espectáculo natural cuando la marea crece y el agua se cuela en los bajos de las Casetes, un fenómeno que se puede contemplar desde la parte alta.
Para los amantes del senderismo, el Parque Natural del Garraf ofrece rutas que parten desde el mismo pueblo. A pesar de estar en la playa, el paisaje kárstico y la vegetación mediterránea permiten recorridos de gran interés paisajístico y biológico.
En definitiva, Garraf se presenta como una opción perfecta para los cornellanenses que buscan desconectar sin alejarse demasiado de casa. Una mezcla de historia, mar y montaña que lo convierte en un destino de fin de semana o incluso de una tarde.

