La carretera de Santa Coloma, que atraviesa Badalona, Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs, concentra quejas vecinales por robos, peleas e incivismo. Un hostelero fue atacado con un cúter esta semana.
La carretera de Santa Coloma, una vía que conecta Badalona con Santa Coloma de Gramenet y Sant Adrià de Besòs, se ha convertido en un foco de inseguridad para residentes y comerciantes. Vecinos relatan peleas nocturnas, robos con violencia y la presencia de locales conflictivos que generan malestar en la zona.
Uno de los episodios más recientes ocurrió el pasado lunes, 20 de julio, en el número 30 de esta vía, en el tramo perteneciente a Badalona. Un hombre español de entre 50 y 60 años atacó con un cúter al trabajador de la Granja Modesto Bar, después de que el hostelero se negara a servirle más alcohol. La víctima sufrió heridas en el cuello y fue trasladada a un centro hospitalario, donde se recupera.
El bar La Paradeta, de ambiente latino, acumula años de quejas vecinales por ruidos y peleas entre clientes bajo los efectos del alcohol. Este local ha sido objeto de numerosas entradas y registros por parte de los Mossos d'Esquadra. Vecinos de Sant Adrià de Besòs evitan salir por la boca de metro de Artigues-Sant Adrià (L2) en horario nocturno por el mal ambiente.
Además, jóvenes en patinete, identificados por vecinos del Casc Antic de Sant Adrià como autores de robos con violencia, merodean por la zona. Tras cometer los hurtos, huyen hacia Badalona o Santa Coloma. Hace unos meses, un grupo de residentes logró retener a uno de estos ladrones hasta la llegada de la policía.
La situación es especialmente preocupante para los vecinos mayores, que llevan décadas viviendo en el barrio. Denuncian también la existencia de un local comercial donde, según afirman, se han instalado camas y viven hasta 16 jóvenes, lo que consideran una muestra más del deterioro de la zona.
Pese a todo, los ayuntamientos implicados apuestan por la transformación urbana. En el número 76 de la carretera de Santa Coloma abrió hace meses un alojamiento turístico de la cadena Gaiarooms, que eligió el enclave por su cercanía con Barcelona y el potencial de crecimiento del entorno del Besòs.

