Un índice pionero analiza 2.051 secciones censales del área metropolitana y sitúa a Sant Boi de Llobregat y Viladecans entre los municipios más vulnerables al desplazamiento de vecinos por las mejoras contra el calor.
Un equipo internacional ha puesto cifras y mapa a un fenómeno que muchos vecinos de la periferia ya intuyen: las mejoras climáticas —parques, fachadas aisladas, refugios— pueden acabar expulsando a quienes más las necesitan. El primer índice participativo de gentrificación climática, publicado en el Journal of City Climate Policy and Economy, señala a Sant Boi de Llobregat y Viladecans como dos de los puntos críticos del área de Barcelona.
La investigación, liderada por Amalia Calderón-Argelich e Isabelle Anguelovski, ha analizado 2.051 secciones censales de 36 municipios. El resultado dibuja una brecha clara entre el centro y la periferia: la mayor vulnerabilidad se concentra fuera de Barcelona, en localidades del oeste y suroeste donde la precariedad social se combina con una exposición climática creciente.
Un mapa participativo del riesgo de desplazamiento
El índice combina tres dimensiones: exposición (temperatura, contaminación, antigüedad de las viviendas y zonas verdes), sensibilidad (renta, alquiler, población nacida en el Sur Global, pobreza energética y gentrificación reciente) y capacidad adaptativa (refugios climáticos, equipamientos públicos y vivienda social). La novedad es que los pesos de cada indicador los fijaron 17 técnicos municipales y activistas en talleres celebrados entre 2024 y 2025.
“Los alquileres del Eixample se han encarecido más de un 60% en una década”, recoge el estudio, al pasar de 10,28 a 16,64 euros por metro cuadrado al mes entre 2014 y 2024. Tras la pandemia, las rentas altas han empezado a buscar zonas suburbanas más frescas, y la tensión se ha disparado: las movilizaciones por la vivienda de noviembre de 2024 y abril de 2025 reunieron a más de 170.000 personas.
El mecanismo es perverso: los barrios más verdes y frescos resultan atractivos para quienes pueden pagar, mientras los hogares vulnerables se quedan en viviendas mal aisladas y sin refrigeración. Los activistas consultados citan el caso de Sant Antoni, en Barcelona, donde detectaron subidas de alquiler del 50% solo por vivir cerca de una superilla.
La periferia metropolitana, en el punto de mira
Con pesos iguales para todos los indicadores, el mapa revela que la mayor vulnerabilidad se concentra fuera de la capital. Sant Boi de Llobregat y Viladecans aparecen como municipios de alto riesgo: tienen más zonas verdes y menos densidad que Barcelona, pero también una elevada precariedad social y escasa vivienda protegida. También destacan barrios obreros fronterizos como Nou Barris y L’Hospitalet de Llobregat.
El estudio recuerda que el cambio climático casi triplicó la mortalidad por calor en 12 ciudades europeas durante la ola de junio de 2025, con 286 muertes atribuibles solo en Barcelona. La capital catalana es, además, la ciudad europea con más muertes evitables por el efecto isla de calor urbana, y las proyecciones apuntan a que registrará una de las mayores tasas de mortalidad por calor a final de siglo.
Para los vecinos de Sant Boi, el riesgo es doble: por un lado, sufren temperaturas más altas y viviendas peor aisladas; por otro, las mejoras climáticas —como nuevos parques o rehabilitaciones— pueden encarecer el barrio y forzarles a marcharse. Menos del 2% de las viviendas de Barcelona son sociales o públicas, subraya el trabajo, y esa carencia se agrava en la periferia.
Técnicos y activistas, dos visiones opuestas
Los talleres revelaron diagnósticos muy distintos. Los técnicos de la administración dieron más peso a la capacidad adaptativa (27,9% frente al 22,5%) y a las soluciones de infraestructura, y muchos dudaban de que el verde urbano genere por sí solo gentrificación. Las organizaciones vecinales, en cambio, priorizaron la exposición (37,5%) y, sobre todo, la cercanía a los parques, los hogares de alquiler y la población nacida en el Sur Global como factores de riesgo.
Ambos grupos coinciden en una cosa: ampliar la vivienda social y regular los alquileres a escala metropolitana son las medidas estructurales clave. El estudio llega en un momento en que el Área Metropolitana de Barcelona debate nuevas herramientas de planificación urbana para evitar que la adaptación climática se convierta en un lujo.
Para quien viva en Sant Boi, la advertencia es clara: el parque que da sombra hoy puede ser mañana el motivo de un alquiler inasumible. El índice, disponible para consulta pública, permite a cada municipio conocer su nivel de riesgo y actuar antes de que sea tarde.

