Cada vez que la selección española triunfa, proliferan en Cataluña las muestras de apoyo, especialmente entre los jóvenes. Un fenómeno que preocupa al catalanismo y que revela la dimensión política del deporte.
La selección española de fútbol, con su juego atractivo y su éxito continuado, ha logrado conectar con una parte importante de la juventud catalana. Así lo refleja un análisis del diario Ara, que subraya cómo la Roja se ha convertido en una extensión del FC Barcelona y de La Masia, despojándose de viejos tópicos. El fenómeno, que se intensifica en cada gran competición, genera un debate sobre el papel del deporte en la construcción identitaria.
La dimensión política del fútbol
El artículo señala que el deporte, y en especial el fútbol, tiene una capacidad única para generar emociones y adhesiones. Los estados son conscientes de ello y lo utilizan como herramienta de nacionalización. En el caso de España, la selección ha servido para socializar un nacionalismo de estado liberado de su carga histórica, lo que resulta especialmente relevante en territorios como Cataluña.
La reivindicación de selecciones nacionales catalanas ha topado con un muro inexpugnable, y los jugadores que han renunciado a la selección española han sido presionados o estigmatizados. Este contexto explica la preocupación del catalanismo ante el éxito de la Roja.
Estudios científicos sobre el impacto identitario
La investigación científica matiza los efectos. Un estudio de 2020 del economista de la UPF Ruben Durante y sus coautores concluye que los éxitos de selecciones africanas han actuado como factor de cohesión interna y reducción de conflictos. Sin embargo, otros estudios vinculan estos éxitos con incrementos de xenofobia y rechazo a los rivales.
En Cataluña, el debate se polariza: mientras unos ven en la selección un símbolo de modernidad y éxito compartido, otros la perciben como una herramienta de homogeneización cultural. El análisis del Ara invita a reflexionar sobre el equilibrio entre la emoción deportiva y la identidad propia.
Para los aficionados de la provincia de Barcelona, la cuestión no es baladí. Muchos jóvenes crecen viendo a sus ídolos del Barça defender la camiseta roja, y eso genera un vínculo emocional que trasciende lo deportivo. La pregunta es si ese vínculo puede coexistir con el sentimiento catalán sin generar tensiones.
El artículo concluye que el fútbol, en su aparente banalidad, es un escenario clave para entender los procesos de construcción nacional en el siglo XXI. Y Cataluña, con su particular relación con España, se convierte en un laboratorio de este fenómeno.

