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Barcino, la pequeña colonia que se convirtió en gran urbe

Barcino, con solo 10 hectáreas, era más pequeña que Bétulo (Badalona), pero su tamaño reducido y su muralla inexpugnable la convirtieron en la gran urbe actual.

Jordi SerraJordi Serra· · 4 min de lectura

Barcino, fundada entre los años 15 y 10 a.C., apenas medía 10 hectáreas, menos que la vecina Bétulo (Badalona). Sin embargo, su pequeño tamaño fue clave para su supervivencia y posterior crecimiento.

La costa central catalana que describió el geógrafo Pomponio Mela en el siglo I d.C. incluía una serie de pequeñas poblaciones: Blanes, Mataró, Badalona, Barcelona, Sitges y una localización sin identificar en el Penedès. De todas ellas, Barcino era la más modesta, con solo 10 hectáreas de superficie, frente a las 12 de Bétulo (Badalona) o las 60 de Tarraco (Tarragona). Sin embargo, el destino de esta pequeña colonia romana fue muy distinto al de sus vecinas.

Fundada entre los años 15 y 10 a.C., Barcino era un "cop de puny", en palabras del arqueólogo Ferran Puig, que durante años dirigió el Servei d’Arqueologia municipal de Barcelona. Su trazado era un octógono que rodeaba el monte Tàber, organizado en torno a dos ejes: el decumanus y el cardo maximus. Recorrerlo de punta a punta llevaba apenas ocho o diez minutos.

En comparación, Caesar Augusta (Zaragoza) ocupaba 44 hectáreas, Tarraco 60 y la mismísima Roma 1.400. ¿Cómo pudo entonces Barcino convertirse en la gran urbe que es hoy, superando con creces a todas las fundaciones romanas de este lado del Mediterráneo? La paradoja es que su pequeño tamaño fue su mayor ventaja.

Barcino fue creada para controlar el llano entre los ríos Llobregat y Besòs, y desde el mar hasta Collserola. A su alrededor surgieron decenas de villas que se convirtieron en el motor económico de la colonia. Su puerto exportaba un preciado vino blanco cuyas ánforas han aparecido en lugares tan lejanos como Gran Bretaña o Germania. La propiedad de la tierra se fue concentrando en pocas manos, generando una élite rica pero en un espacio muy reducido.

Cuando el Imperio romano comenzó a decaer, Barcino seguía siendo pequeña pero próspera. En su interior apenas había unas pocas grandes casas (se han localizado cuatro y restos de otra) y algunas industrias. Ante las amenazas bárbaras, pudo ampliar sus murallas y dotarlas de 76 torres, haciéndose prácticamente inexpugnable. Esta fortaleza fue una de las razones por las que el rey visigodo Ataúlfo eligió Barcelona entre los años 410 y 415 para instalar su corte.

Clara Forn, doctora en arqueología clásica del Museu de Badalona, explica que "Badalona es anterior y comparativamente era mucho más importante que Barcino, pero a partir de la segunda mitad del siglo II y principios del III ve reducido su desarrollo. Posiblemente el nacimiento de Barcino perjudica a Bétulo, porque comparten espacio geográfico e incluso clase dominante". Ambas ciudades basaban su economía en la industria vinícola, pero Barcino gozaba de beneficios fiscales por ser colonia, mientras que Bétulo no tenía un estatus claro.

Para el auge de Barcelona fue clave otro factor: su posición estratégica para controlar el corredor mediterráneo, tanto por tierra como por mar. Además, a fines del siglo III o inicios del IV, el cristianismo caló en Barcino, primero como culto privado de las clases populares y después entre las élites. A inicios del VI, la vieja factoría romana de salazones quedó bajo una iglesia y un camposanto.

Eduard Riu-Barrera, arqueólogo del Servei de Patrimoni i Arquitectura de la Generalitat, sitúa el periodo de diferenciación de Barcino respecto a las ciudades de su entorno en la época visigoda. "Tarragona es una sede metropolitana, y tiene arzobispado, y Barcino solo tiene obispado. Eso perdura hasta la conquista musulmana, pero serán clave algunas infraestructuras. El Rec Comtal, pero también la muralla, que durante la invasión musulmana será fundamental, porque la ciudad se convierte en el 801, con la conquista carolingia, en la frontera entre el califato de Córdoba y los condados francos, pero Tarragona queda en zona musulmana. Es un momento geopolíticamente clave. La muralla es el bastión de la frontera sur de Europa", afirma Riu-Barrera.

Así, la pequeña Barcino, con sus apenas 10 hectáreas, logró sobrevivir y prosperar donde otras ciudades más grandes declinaron. Su muralla, su posición estratégica y su capacidad de adaptación la convirtieron en la Barcelona que conocemos hoy. Como apunta Riu-Barrera, "es como la Sagrada Familia, que dentro de 2.000 años seguirá siendo un gran activo de la ciudad".

Jordi Serra

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Jordi Serra

Redactor jefe

Sigue de cerca la Plaça Sant Jaume y el pulso de los barrios, del Raval a Nou Barris. Firma la política municipal, la actualidad social y los sucesos de la ciudad y su área metropolitana. Adicto a los plenos largos y al café de mercado a primera hora.