El archivero de la Basílica de Santa Maria del Pi, Jordi Sacasas, asegura que la fiesta por la beatificación de Sant Josep Oriol, en 1807, fue para Barcelona como los Juegos Olímpicos de 1992.
El archivero y conservador de la Basílica de Santa Maria del Pi i Sant Jaume, Jordi Sacasas, ha comparado la celebración de la beatificación de Sant Josep Oriol, ocurrida en 1807, con el impacto que tuvieron los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona. En una entrevista, Sacasas ha explicado que aquel acontecimiento religioso congregó a miles de personas y transformó la ciudad durante varios días.
Sant Josep Oriol, conocido como el 'doctor de la pobreza', fue un sacerdote barcelonés del siglo XVII que desarrolló su labor en la iglesia de Santa Maria del Pi. Su beatificación, impulsada por la devoción popular, se convirtió en la primera gran movilización masiva de la historia contemporánea de la capital catalana. Según Sacasas, "la fiesta por la beatificación de Sant Josep Oriol, en 1807, fue para Barcelona como los JJOO de 1992".
El archivero ha detallado que el evento duró varios días e incluyó procesiones, fuegos artificiales, música y actos religiosos por toda la ciudad. Las calles se llenaron de fieles llegados de toda Cataluña y de otros puntos de España. "Fue un acontecimiento que unió a la sociedad barcelonesa de la época, más allá de las diferencias políticas y sociales", ha señalado.
El archivo de Santa Maria del Pi conserva documentos originales que permiten reconstruir aquellos días. Entre ellos, destacan los libros de cuentas de la parroquia, que reflejan los gastos en ornamentos, velas y músicos, así como las crónicas de la época que describen la expectación y el fervor popular. "Tenemos facturas de los carpinteros que montaron los altares efímeros, de los músicos que participaron, incluso de los fuegos artificiales", ha precisado Sacasas.
El archivero ha recordado que el archivo del Pi es uno de los más importantes de Cataluña, especialmente en el ámbito musical. "El Pi conserva uno de los archivos musicales más importantes de Catalunya", ha afirmado. Durante la Guerra Civil, los documentos fueron trasladados para protegerlos: primero al convento de la Esperança, después a Pedralbes y finalmente fuera de Barcelona. Al terminar la guerra, volvieron a la basílica en cajas, sin ningún orden. "Mosén Trinitat Prat, un erudito, estuvo al frente del archivo, pero no se entendía mucho con el rector", ha explicado.
Sacasas ha dedicado su carrera a recuperar y organizar este patrimonio. "Conocí el archivo en 1991, cuando vine con un amigo, David Malet, organista de la Catedral. En 2005 empecé a trabajar aquí oficiosamente y en 2011 me nombraron oficialmente archivero", ha relatado. Su labor ha permitido poner en valor documentos que hablan de la historia de la ciudad y de sus necesidades. "Un archivo habla de tus necesidades, no de tus gustos", ha resumido.
La comparación con los Juegos Olímpicos de 1992 no es casual. Para Sacasas, ambos eventos supusieron un antes y un después en la proyección de Barcelona. "En 1807, la beatificación de Sant Josep Oriol puso a Barcelona en el mapa de la cristiandad y atrajo a miles de visitantes, con un impacto económico y social comparable al de unos Juegos Olímpicos", ha argumentado.
El archivero ha lamentado que la memoria de aquella celebración se haya perdido en parte, pero confía en que su trabajo contribuya a recuperarla. "Es importante que los barceloneses conozcan su historia, y el archivo del Pi es una fuente inagotable de sorpresas", ha concluido.
La Basílica de Santa Maria del Pi, situada en el corazón del Barri Gòtic, continúa siendo un referente cultural y religioso. Su archivo, accesible a investigadores, custodia siglos de historia de la ciudad. La figura de Sant Josep Oriol, cuya fiesta se celebra cada 23 de marzo, sigue despertando devoción entre los barceloneses.

